Historias del Través

Vívidas por Pancho el de La Molina en los Picos de Europa.

Sheila Noriega Fernández. 20/12/2020. Francisco Noriega se crió con su madre, Fidela Rojo, natural de La Molina, parroquia del Prado, Cabrales, y con sus abuelos, que desde siempre tuvieron ganado. Cuando salía de la escuela iba ayudar a su madre y con 13 años ya se quedaba solo en el puerto (Vega de Beresna) meciendo cabras y ovejas para hacer queso.

La Molina de Cabrales, actualmente, Sheila Noriega.

Así fue su vida hasta la edad de 20 años, momento en que inmigró al sur-este de Francia en busca de trabajo. Allí conoció a Tenti Aller Mejido, natural de Moreda, del concejo de Aller e hija de un minero. A la edad de 33 años, Francisco volvió a España con su mujer y sus dos hijos y se dedicaron a la ganadería (130 ovejas, 200 cabras y 25 vacas, aunque las cantidades aumentaron posteriormente) y a la quesería.

Francisco Noriega, abuelo de la autora. Fotógrafo francés desconocido, año 1971.
En el centro, la casa en que vivían. Routel, Bensancon, Francia. Tenti Aller.

Hicieron la mayoría de queso en La Belluga, puerto de Cabrales, donde todavía mantienen una cabaña. Vendían el kilo de queso a 18 €, haciendo kilos al día. El queso se hacía con leche templada (si estaba fría no cuajaba). Una vez cuajado se le daba la vuelta y se retiraba el suero. El queso se hacía al medio día y se le daba vuelta a la noche para que cogiera forma.

Al día siguiente se le daba la vuelta de nuevo, se le echaba sal gorda, se dejaba 24 horas reposar, se le daba vuelta otra vez y se le echaba sal por la otra cara. Después se les quita el “arniu” (molde con el que cogen forma) y se ponían cerca del fuego para que les diera el humo. Había que dejarlo curar aproximadamente un mes, dándole vuelta todos los días, y por último se llevaban a la cueva (a 1400 metros de altitud y a 40 metros bajo tierra y con altos porcentajes de humedad) hasta que madure ( 3- 4 meses).Y luego ya se vendía.

Vega de la Belluga, actualmente, Sheila Noriega.
Cabaña de Francisco Noriega en la Belluga, Francisco Noriega, año 2003.

Un día por la tarde mi abuela, Tenti Aller bajaba de La Belluga sola para su casa en La Molina pero en el camino le pilló el nublau y la lluvia. Ella daba voces para que la escuchara algún ganadero, pero nadie la oyó y entonces se metió en una cuadra. Al hijo, Manuel Ángel Noriega, le parecía raro que no llegara su madre y entonces subió a La Belluga, donde estaban su padre y hermano; detrás de él subía un hermano de Francisco Noriega y un vecino de La Molina. Tenti sentía que oía el helicóptero pero eran sensaciones del momento. A la una de la madrugada Francisco Noriega, Jose Noriega y Manuel Ángel Noriega la encontraron en la vega de Brañas, en una cuadra, y la acompañaron hasta la mitad del camino al encuentro del hermano de Francisco y de un vecino, que la acompañarían hasta su casa. Tenti llegó aquel día a casa a las cuatro de la madrugada.

Tenti Aller, abuela de la autora, año 1972, autor desconocido.
Manuel Ángel Noriega Aller, padrino de la autora, año 1994, autor desconocido.

Otra historia del puerto es la de mi padre, Jose Noriega y mi abuelo, Francisco Noriega. Un día por la noche ellos todavía estaban atendiendo el queso a eso de las doce y llamaron a la puerta. Cuando abrieron se encontraron con un grupo de personas empapadas, por el mal tiempo que hacía. Se habían perdido haciendo una ruta que empezaba en La Molina de Cabrales y terminaba en los lagos de Covadonga, les había pillado el nublado y se desorientaron durante el día.

Jose Noriega Aller, padre de la autora, año 1996, autor desconocido.

Había un niño pequeño de unos 11- 12 años que estaba temblando y se le veía fatal y mi padre llegó a pensar que iba a fallecer, no iba a pasar de esa misma noche, entonces mi padre salió de la cabaña en busca de un hombre y su mujer que se encontraban en Camplengu ( vega del puerto de Onís) que tenían una mayor cabaña para tanta gente. Mi padre los encontró, los avisó y entonces fue a por el grupo de personas y los bajó. Algunos se quedaron en la cabaña de mi abuelo, otros en la cabaña de otro pastor de la misma vega, y los otros bajaron a Camplengu y se alojaron en dos cabañas.

Los pastores de Camplengu salieron para la zona baja del puerto de Onís en busca de madera ( en las zonas altas no hay muchos árboles) para que aquella gente cogieran calor y secara la ropa. Ese día ninguno de los ganaderos durmió, pues estaban atentos a que no se apagara el fuego, que no les subiera la temperatura, poníendoles paños de agua fría en la frente… Al día siguiente el grupo pudo volver a sus casas y el niño que todos pensaban que iba a fallecer, sobrevivió.

Francisco Noriega y Tenti Aller, año 1972, autor anónimo.

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  • Toda la información es obtenida por Francisco Noriega, Tenti Aller y Jose Noriega.

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