Seleccionar página
  • Identificación del recurso: hórreo
  • Localización: Contranquil, Cangas de Onís
  • Estado de conservación: bueno
  • Informador: Josefa Ceña Coro
  • Autor: Marta Fernández Gutiérrez

Desde que me mudé a Cangas, el hórreo de mi casa se convirtió en un sitio de juegos, comidas familiares y charlas nocturnas con amigas; consiguiendo ser un espacio hogareño fundamental, y al parecer esta familiaridad suya no es nada nueva.

Mi bisabuelo Agustín era un manitas. Al dedicarse a la construcción siempre andaba con un proyecto entre manos, como mi propia casa la cual fue hecha desde cero por él, y hacía ya un tiempo que andaba con una idea metida en la cabeza.

Mis abuelos y mi padre pasaron gran parte de su vida en una cabaña construida por mi bisabuelo en Quintes, cerca de la carretera subiendo a Llueves, ya que tiene un extenso prado que era ideal para el huerto y los animales que mantenían. Al ser de un no muy grande tamaño, la conservación de los alimentos era reducida, ya que no tenían mucho espacio para almacenarla, por lo que un nuevo lugar era necesario. En ese entonces, el hórreo era una construcción frecuentemente usada para eso mismo, por lo que Agustín no tardó en ponerse manos a la obra.

Cada proyecto era acabado con el mayor de los cuidados posibles con el cariño como motor principal, y este no fue excepción. Tardó 5 años en acabarlo, pero al ser una construcción de una sola persona el mérito es inmenso.

A este se le empezó a dar uso nada más poder. La parte superior servía para almacenar los distintos alimentos que cosechaban, mientras que en la parte inferior se situó una grande y cómoda mesa para cenar en familia.

La cabaña de Quintes, en su lado derecho se construyó el hórreo inicialmente

Al pasar los años, mis bisabuelos empezaron a darle más uso a la casa de Contranquil, donde vivo actualmente, ya que esta estaba mucho más cerca del centro de Cangas y era mucho más cómoda que la cabaña, por lo que el hórreo empezó a perder uso.

Como Agustín había invertido mucho tiempo en él y se había convertido en algo tan especial para la familia decidieron moverlo a la casa de Contranquil, desmontándolo por piezas para volver a construirlo nuevamente.

Saber que el cariño y familiaridad que este hórreo aporta viene de fábrica es un alivio, ya que me confirma que este siempre será un núcleo familiar importante, lo fue para mi bisabuelo, mis abuelos, mis padres y actualmente mi generación seguimos gozándolo desde el primer día. El cariño con el que se crea algo perdura hasta su fin.