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Durante una charla, Adela Omid, una periodista afgana, nos habló sobre su experiencia personal y las dificultades que ha vivido en su país.

Lo primero que explicó fue cómo empezó su etapa escolar. Contó que comenzó a ir al colegio a los 7 años, pero que las condiciones eran muy malas: no había mesas, ni sillas, ni techo, y en ocasiones ni siquiera había profesores. Incluso llegó a estudiar durante tres años en la nieve en invierno, algo que me pareció muy duro.

Más adelante, cuando su padre se jubiló, su familia se mudó y pudo ir a otro colegio. Allí tuvo muchas dificultades porque no tenía el mismo nivel que sus compañeros. Por ejemplo, no sabía multiplicar ni inglés, mientras que los demás sí. Aun así, consiguió adaptarse con esfuerzo.

También explicó que al principio quería ser médica o enfermera, porque escuchaba en las noticias que muchas mujeres y niñas no podían ir al hospital. Esto ocurría porque en su país solo las mujeres pueden atender a otras mujeres, y hay pocas profesionales femeninas.

Con el tiempo decidió estudiar periodismo, ya que quería dar visibilidad a la situación de su país. Su familia no estaba del todo de acuerdo porque implicaba que tuviera que irse lejos. Además, comentó que había muchas diferencias entre zonas: en el norte podían estudiar chicos y chicas, pero en el sur las mujeres tenían muchas más limitaciones.

En la universidad vivió una de las etapas más difíciles de su vida. Contó que solo había cuatro chicas en clase y que incluso necesitaban permiso para entrar. También sufrían críticas por su forma de vestir. En una ocasión, un profesor le puso un 55 sobre 100 cuando ella esperaba un 85, y le dijeron que no se quejara si no quería ser expulsada. Además, explicó que a los chicos les enseñaban cosas que a las chicas no, por lo que decidió cambiarse de universidad.

Otro momento importante fue cuando habló de la llegada de los talibanes, que prohibieron a las mujeres estudiar. A partir de ahí, su familia tuvo que abandonar su ciudad. Al principio pensaban que sería algo temporal, pero terminaron moviéndose de casa en casa. Finalmente, gracias a una llamada de su hermano, que era militar, pudieron aprovechar una oportunidad para salir de Afganistán.

También contó cómo fue su experiencia en el aeropuerto. Dijo que algunas personas de su propio país la trataron mal, pero que en España recibió un trato muy respetuoso y humano, lo que le emocionó mucho.

Ahora mismo vive en España, pero no puede trabajar como periodista por el idioma, así que trabaja cuidando a personas mayores. También ha vivido situaciones de racismo, como cuando una chica no quiso hacer grupo con ella por llevar velo.

Para terminar, Adela quiso transmitir un mensaje importante: hay que valorar lo que tenemos. También animó a los jóvenes a hablar, expresarse y dar visibilidad a las injusticias.