Identificación del recurso: Iglesia de San Pedro de Dego.
Localización: Avalle-Parres
Estado de conservación: bueno y en uso.
Informadores: documentación del Libro de Fábrica de S. Pedro de Dego, cedida en 1985 por el párroco José Argelio Suárez a Jacinto de Diego (mi bisabuelo).
Autora: Edén Álvarez de Diego.
El 7 de abril de 1886 se publica en el Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Oviedo, el edicto que establece la creación de la parroquia de San Pedro de Dego. En el Libro de Fábrica de la Parroquia consta que el Excmo. Sr. Fray Ramón Martín Vigil, “crea la parroquia formada por los pueblos de Dego, Avalle, Collado de Andrín y Santianes, con un censo de población de ciento treinta vecinos”.
En un principio, el culto se hacía en una antigua y pequeña Capilla de San Pedro, situada en Dego y cercana al río Sella, donde también había un cementerio. Pero en 1897, el Estado concedió, gracias a las gestiones hechas por el barón de Covadonga, Francisco Valdés y Mon, la cantidad de 6.800 pesetas para comenzar las obras de una nueva iglesia. En ese año se nombra párroco a D. Remigio Fal de Villa que comienza la administración y la compra del terreno donde se ubicará la iglesia, el campo El Fondón por 212,50 pesetas que mide, según consta en los archivos, “ocho carros y media de abono, según medida del país”.
Los vecinos de los pueblos acondicionan la finca y talan ocho castaños para hacer sitio a la construcción, que son utilizados para vigas y madera. Algunos vecinos aportan más madera de la donación de sus árboles, sobre todo castaños y hayas, otros aportan su trabajo o dinero y sus nombres quedan consignados en los archivos formando parte de la historia. A otros vecinos se les compran los árboles y ellos, a su vez, donan parte del importe recibido a la financiación de la obra, como el caso de Benito García, que recibe 35 pesetas por la compra de sus castaños y solo cobra 10, donando el resto.
Así, el 22 de agosto de 1900 se pone la primera piedra de una obra dirigida por el cangués D. Emilio González. Durante dos años se van realizando, con muchos sacrificios por parte de los vecinos, las obras necesarias: se extraen piedras de mampostería del actual coto de Las Tempranas, ochenta carros de esquinas traídos de La Llongar, catorce carros de cal de La Roza y La Morca, piedras donadas por los vecinos, de sus fincas y propiedades y cuatro mil cien ladrillos comprados por 160 pesetas, entre otros gastos.
Pese a todo, el capital principal se agotaba y la obra no concluía, así que, de nuevo, el barón de Covadonga obtiene 3.000 pesetas del Estado. Con ese dinero y aunando esfuerzos, el 7 de marzo de 1902 la iglesia se abre al culto con una misa solemne y el traslado de las imágenes desde la pequeña Capilla de Dego, que queda olvidada y desaparece con el tiempo.
El 4 de septiembre de 1903 figuran hechos el total de los pagos por un importe de 9.805,50 pesetas. También destacan unas palabras escritas en honor al maestro carpintero cangués Manuel Bonera, víctima de una caída mortal al intentar aserrar una viga.
El esfuerzo, tesón y cooperación vecinal fueron el principio de esta iglesia que hoy en día sigue solemne, rodeada de árboles, observando silenciosa el paso de las generaciones y encerrando entre sus piedras la historia de muchas vidas.