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Mi madre, nació en el 1984, en Rumanía teniendo una época dura ya que el presidente en aquellos momentos era Nicolaie Ciausescu, un “dictador” con gran poder en el país en la que prohibió y quito muchas cosas. Ella sus primeros 5 años de vida lo pasó muy mal rozando la pobreza y comiendo lo mínimo para poder sobrevivir.

En 1989 mientras daba una charla pública, Ciausescu fue asesinado de un disparo en la cabeza. Tras esto las personas pensaron que iba a acabar todo el sufrimiento que pasaba todo el país, pero la realidad de esto fue que años posteriores de ese acontecimiento lo iban a pasar peor. En esos momentos el país no tenía economía y no había comida para suficientes personas, por lo que los padres de mi madre decidieron que sus 4 hijos de tan solo 6,8, 14 y 17 años vayan con su tío a Turquía para poder trabajar y tener una vida mejor.

Mi madre y sus hermanos entraron a Turquía escondidos detrás de un remolque en una furgoneta para poder pasar las fronteras, cuando llegaron se metieron directamente a trabajar para poder ganar algo de dinero.

Cuando llegaron, la realidad fue muy diferente a lo que imaginaban ya que en Turquía era peor que allí por la falta de dinero. No tenían tiempo para descansar ni para pensar demasiado en todo lo que habían dejado atrás en Rumanía. Desde el primer momento entendieron que, si querían ayudar a su familia, tenían que empezar a trabajar cuanto antes.

Mi madre y sus hermanos empezaron a trabajar enseguida. Eran muy jóvenes, pero en aquellos momentos la edad no importaba cuando se trataba de trabajos duros y mal pagados. Mi madre trabajó en un pequeño taller textil donde tejía sujetadores durante largas horas cada día. Era un trabajo repetitivo y cansado: pasar hilo, coser piezas, revisar costuras y preparar las prendas para que se vendieran.

Una cosa curiosa que le pasaba a mi madre era que cuando las compañeras de trabajo hacían algo mal le echaban la culpa a mi madre para que no les pasara nada a ellas. Mi madre al no saber turco, no tenía mecanismos para defenderse y era un blanco fácil para cargar con las culpas. De hecho, la única palabra que recuerda hoy en día es macaz (tijeras) ya que era una de las pocas palabras que necesitaba en su día a día para poder trabajar.

Las jornadas eran largas y el salario era bajo, pero para ellos significaba mucho. Cada pequeña cantidad de dinero que ganaba junto con sus hermanos servía para poder comer, tener un lugar donde dormir y, cuando era posible, enviar algo a su familia.

A pesar de lo difícil que era la vida, sus hermanos y ella se apoyaban para seguir adelante en un país desconocido, trabajando desde pequeños, pero con la esperanza de que algún día su vida y la de sus padres mejorara.

Al cabo de 2 años volvieron a Rumania con su tío porque había grandes tensiones de guerra en Turquía y prefirieron quedarse con sus padres ya que en Rumania ya se resolvió todos los problemas que tenían no solo económicas sino también con otros países.

Esta foto es una fábrica textil de Turquía en los años 90

http://photoblog.alonsorobisco.es/2011/04/foto-antigua-fabrica-textil-en.html

Lucas Georgian Eleodor   BH1A