Mi abuela Inés Pérez Cueto nació en Asturias, en un pequeño pueblo de Ponga llamado Priesca. Allí vivió junto a su familia hasta los 11 años que partió a Alemania. En aquella época España estaba bajo la dictadura de Francisco Franco, y muchas familias pasaban grandes dificultades económica. Había una gran miseria y muchas personas tenían que emigrar a otros países para poder trabajar y ganar dinero.
Antes de que mi abuela se marchara, su padre, es decir mi bisabuelo, se fue primero a Alemania en busca de trabajo y una casa. Su objetivo era ganar dinero para pagar deudas, comprar una casa en España y poder dedicarse en el futuro a la ganadería en su querida Ponga.
Después de un tiempo trabajando allí, mi bisabuelo envió una carta a su familia. En la que les decía que que ya tenía trabajo y una casa allí y que podían ir finalmente con el para empezar una nueva vida. Así fue como mi abuela, su madre y sus hermanos emprendieron el viaje en tren desde Oviedo hasta Alemania.
Se instalaron en Stolberg, ciudad en la cual sigo teniendo familia. Al llegar, los tres hermanos comenzaron a estudiar en una escuela alemano-español. En ese colegio las asignaturas eran en español pero también aprendían alemán. Como eran pequeños, no tardaron en dominar el idioma. En poco tiempo hablaban alemán perfectamente.
Cuando mi abuela tenía catorce años, tanto ella como sus hermanos comenzaron a trabajar para ayudar a la familia. Mi abuela y mi bisabuela trabajaban en una fábrica donde hacían hilo y jabones. Mi tío Jose Manuel, el mayor trabajaba de soldador junto a su padre y mi tío Tano, el pequeño de electricista.
Durante los años que vivieron en Alemania trabajaron mucho y consiguieron ahorrar dinero. También conocieron a muchas personas de diferentes países que habían emigrado al igual que ellos. Mi abuela hizo amigos, polacos, rusos y también españoles. Allí conoció a una amiga muy especial llamada Olvido, que casualmente era de Gijón. Se conocieron en Alemania y se hicieron amigas para todo la vida, y a día de hoy todavía mantienen su amistad.
En el año 1972, cuando mi abuela tenía 19 años, regresaron a España para cumplir su sueño construir su casa y dedicarse a la ganadería en su amada tierra. Regresaron al mismo pueblo en el que se criaron, Priesca.
Con los años se casó y tuvo dos hijos: Mi madre y mi tío. Actualmente tiene 73 años, está jubilada y sigue viviendo en la misma casa y en su pueblo natal.
Su historia es un ejemplo de esfuerzo y sacrificio, ya que a una tierna edad tuvo que dejarlo todo atrás para ir a buscar una vida mejor a un país extranjero, aprender un nuevo idioma y trabajar duro. Por eso la admiro, su vida nunca fue fácil pero era siempre luchó y jamás se rindió.
