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por: Manuel Peña Blanco BH2B

Bertrand Arthur William Russell (1872-1970) era monstruo de la lógica, además de matemático, pensador, filósofo y escritor.

Hijo de una familia aristocrática, nuestro protagonista era el tercer conde de Russell. Tras quedar huérfano a los seis años, su educación quedó al cargo de su abuela, lady Frances Elliot, una mujer tradicional en lo religioso pero progresista en otros aspectos, partidaria del darwinismo y del autogobierno en Irlanda. El pequeño, como era habitual entre la nobleza, no fue a la escuela ya que contaba con preceptores particulares. Adquirió así grandes conocimientos, pero su vida se desarrolló en un ambiente estricto que tuvo consecuencias negativas sobre su personalidad: se convirtió en un chico tímido y solitario.

A principios del siglo XX, Russell encabezó la “revuelta contra el idealismo” británica.​ Es conocido por su influencia en la filosofía analítica junto con Gottlob Frege, su compañero G. E. Moore y su alumno Ludwig Wittgenstein y A. N. Whitehead, coautor de su obra Principia Mathematica.​ Apoyó la idea de una filosofía científica y propuso aplicar el análisis lógico a problemas tradicionales, como el problema mente-cuerpo o la existencia del mundo físico. Su ensayo filosófico Sobre la denotación ha sido considerado un “paradigma de la filosofía”. Su trabajo ha tenido una influencia considerable en las matemáticaslógicateoría de conjuntosinteligencia artificialciencia cognitivainformáticafilosofía del lenguajeepistemologíametafísicaética y política.

un mundo en el que dominara el fascismo sería una catástrofe sin precedentes

Bertrand Russell, 1939

Russell fue un destacado activista social pacifista contra la guerra y defendió el antiimperialismo. A lo largo de su vida, Russell se consideró a sí mismo liberal y socialista, aunque a veces también sugirió que su escéptica le había llevado a sentir que “nunca había sido ninguna de estas cosas, en un sentido profundo”. Fue a prisión por su pacifismo durante la Primera Guerra Mundial. ​  Por lo que confesaría después, la estancia en prisión le resultó gratificante en muchos sentidos. No tenía compromisos que cumplir ni decisiones difíciles que tomar, leía mucho y tenía tiempo para escribir un libro, Introducción a la filosofía matemática, y empezar otro. No apoyaba las soluciones militares a los conflictos, a excepción de circunstancias muy especiales.

Ese tipo de situación fue la que se produjo a partir de 1939, con el estallido de la S.G. Mundial. El filósofo británico apoyó a los aliados porque creía que un mundo en el que dominara el fascismo sería una catástrofe sin precedentes. Durante la guerra fría, su activismo se encauzó hacia la lucha contra las armas nucleares.

Su mayor obsesión fue unir la lógica y las matemáticas, pues para el eran uno. Defendía que de una afirmación falsa se puede deducir cualquier cosa. Durante una charla en la que explicaba esta idea alguien entre el público le formuló entonces una cuestión provocativa: si dos más dos son cinco, ¿se sigue de ello que yo soy el papa? Russell aceptó el desafío y, con una agilidad mental increíble, se sacó de la manga una ingeniosa respuesta.

Defendía que de una afirmación falsa se puede deducir cualquier cosa

B. Russell, charla en 1954.

Si dos más dos son cinco, cuatro es igual a cinco. Si restamos tres a ambos lados de la ecuación, tenemos que uno es igual a dos. El Papa y yo somos dos. Como dos es igual a uno, entonces yo soy el Papa. Cuesta poco imaginar su sonrisa satisfecha después de desarmar así a su interlocutor.

FUENTES:

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/russell_bertrand.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Bertrand_Russell

https://psicologiaymente.com/biografias/bertrand-russell